Del 8 al 10 de septiembre, la Universidad de Chile alojó una reunión que hasta ahora nunca había salido del hemisferio norte: el Foro Global del Memorándum de Entendimiento sobre vehículos pesados cero emisiones, organizado por Calstart a través de su programa Drive to Zero. Fue la primera edición en un país latinoamericano.
La elección de sede no fue un gesto diplomático. Chile es el único país de la región que se sumó tempranamente a la campaña, y lleva años acumulando kilómetros reales de buses eléctricos en Santiago. Stephanie Kodish, directora senior del programa, lo planteó como una señal sobre de dónde viene el impulso ahora: destacó «el aumento continuo en la representación del Sur Global, con varios países de Latinoamérica».
Qué firmaron exactamente
El compromiso tiene dos fechas y dos porcentajes:
- 2030: que el 30% de las ventas de camiones y vehículos medianos sean de cero emisiones.
- 2040: que lo sean el 100%.
Los 43 países firmantes representan el 44% del PIB mundial y son responsables de uno de cada cinco vehículos medianos y pesados del planeta. Sumados los más de 300 adherentes —gobiernos, fabricantes, flotas—, el grupo declaró ingresos por más de US$7 billones durante 2025. Desde el foro anterior se incorporaron 50 nuevas marcas.
El dato latinoamericano
Lo que más mueve la aguja para la región no salió en los titulares: entre los países que se sumaron al memorándum en 2025 están Brasil y México, junto con Togo. Son, por lejos, los dos mercados de autotransporte de carga más grandes de América Latina.
Que ambos firmen no obliga a nadie a nada mañana —el MOU es un compromiso político, no un tratado con sanciones—, pero cambia el cálculo de los fabricantes. Una cosa es diseñar una estrategia de electrificación para Europa y otra muy distinta es hacerlo sabiendo que los dos grandes compradores latinoamericanos pusieron una fecha por escrito.
La distancia entre la firma y el patio de maniobras
Conviene medir el trecho. La meta de 2030 está a cuatro años, y en Chile la conversación de la semana pasada, en los encuentros gremiales del sector, seguía girando en torno a motores diésel de nueva generación y combustibles alternativos, no a flotas eléctricas de largo recorrido.
Santiago Ángel lo resumió en una frase que sirve de contrapeso a todo el entusiasmo del foro: Chile tiene la oferta de vehículos; lo que falta construir es el ecosistema —carga, talleres, financiamiento, residuales— que haga que comprarlos tenga sentido para un transportista que hace cuentas a diez años.
El foro dejó firmas. El resto se juega en los patios de maniobras.
Fotografía ilustrativa: tractocamión propulsado por celda de combustible de hidrógeno exhibido en un salón del sector. Autor: Matti Blume. Licencia CC BY-SA 4.0. Vía Wikimedia Commons. La imagen no corresponde a los hechos descritos en la nota.






