Durante años, la tecnología a bordo de un tractocamión mexicano servía para contestar una sola pregunta: ¿dónde está la unidad? Ese capítulo se está cerrando. Lo que hoy se instala en las cabinas ya no reporta posiciones, sino conductas, y lo hace mientras el viaje ocurre.
El cambio tiene un nombre técnico poco glamoroso —Edge AI, inteligencia artificial procesada dentro del propio vehículo— y una consecuencia muy concreta: la cámara deja de ser un archivo que alguien revisa después del accidente y se convierte en algo que habla. Omar Camacho, gerente general de Motive en México, describió a El Financiero equipos con visión estereoscópica, comunicación bidireccional por voz y hasta un avatar conversacional que devuelve retroalimentación al operador cuando termina el turno. El procesamiento corre sobre chips de Qualcomm, sin depender de que haya señal en la carretera.
Los números no coinciden, y conviene decirlo
Aquí aparece la parte incómoda. Cada proveedor llega con su propia cifra de éxito y las cifras no empatan.
El reporte de El Financiero habla de reducciones de hasta 80% en siniestros durante el primer año de implementación. El Sol de México y los transportistas consultados por medios regionales manejan un rango más conservador, de entre 30% y 50%. Y Métrica Móvil, que según su director de implementación de IA, Santiago Flores, tiene unos 130,000 equipos conectados en el país, desglosa el resultado por conducta en lugar de darlo como un solo número: hasta 30% menos eventos de exceso de velocidad, hasta 50% menos ocasiones de uso de celular al volante y una precisión de 99% para identificar somnolencia o fatiga.
Ninguna de esas mediciones es auditada por un tercero independiente. Son datos de quienes venden la tecnología, y eso no los vuelve falsos, pero sí obliga a leerlos con la cabeza fría: un rango que va de 30% a 80% no describe un hecho, describe un mercado todavía sin estándar de medición.
Por qué se está adoptando de todos modos
La presión que empuja la compra es real y tiene poco de futurista. El sector arrastra un déficit cercano a los 100,000 operadores. El combustible subió. Los robos carreteros no ceden. Y el INEGI contabiliza alrededor de 230,000 colisiones vehiculares al año, con unas 11,000 salidas de camino.
En ese contexto, el argumento de venta se acomoda solo. Si no hay operadores suficientes, cuidar a los que quedan deja de ser una política de recursos humanos y se vuelve una decisión de continuidad operativa. Los sistemas detectan desviaciones de ruta, paradas no autorizadas e intentos de bloqueo de señal —el repertorio clásico del robo al transporte— y avisan mientras todavía se puede hacer algo.
La pregunta que sigue abierta
Queda un asunto que ningún dashboard resuelve. Estas plataformas vigilan a una persona durante toda su jornada: si bostezó, si miró el teléfono, si aceleró de más. La discusión sobre quién es dueño de esos datos, cuánto tiempo se guardan y si pueden usarse para sancionar a un operador apenas empieza en México, y va muy por detrás de la velocidad con la que se están instalando los equipos.
La tecnología llegó primero. Las reglas, como suele pasar, vienen atrás.
Fotografía ilustrativa: tractocamión de carga estacionado al anochecer en Campeche, México. Autor: Bernard DUPONT. Licencia CC BY-SA 2.0. Vía Wikimedia Commons. La imagen no corresponde a los hechos descritos en la nota.






