La mayoría del Concejo Municipal de Chicago pidió el miércoles 23 de septiembre a Amtrak que frene su plan de llevar el centro de mantenimiento de sus trenes del Medio Oeste a un patio ferroviario en desuso en Bridgeport, en el South Side, pegado al Rate Field, el estadio de los White Sox. Al día siguiente la Junta del condado de Cook se sumó a la oposición, y la Federación del Trabajo de Chicago salió a defender la obra en una rueda de prensa.
La resolución la presentó la concejala Nicole Lee, del distrito 11, donde se construiría el taller. Pide a Amtrak que haga públicos sus estudios ambientales completos y que comparezca en una audiencia del comité de Transporte para explicar por qué eligió ese terreno, qué alternativas descartó y cómo afectará a los vecinos de Bridgeport, Chinatown y Armour Square. Block Club Chicago contó 36 firmas; el Chicago Tribune habla de Lee y otros 37 copatrocinadores. La diferencia puede venir de adhesiones sumadas después de la sesión. Con cualquiera de las dos cifras, es una mayoría amplia en un pleno de 50 concejales.
Un taller de 900 millones que el Concejo no puede parar
El proyecto cuesta unos 900 millones de dólares. Sería una instalación techada que funcionaría las 24 horas para inspeccionar, limpiar, reparar y cargar combustible a los trenes, sobre Canal Street, frente a casas de Bridgeport. Hoy ese trabajo se hace en un patio del South Loop, junto al río. La mudanza liberaría ese terreno para The Railyards, el desarrollo de Canal Edge, la empresa de Justin Ishbia, socio minoritario de los White Sox, que propone levantar allí un estadio nuevo y aporta 125 millones de dólares al taller de Amtrak. Los vecinos temen que Bridgeport pierda al equipo y se quede con un taller abierto día y noche.
Según The Real Deal, Amtrak cuenta con una exención federal que le permite saltarse la aprobación del Concejo y la zonificación local. En mayo, además, la Administración Federal de Ferrocarriles le concedió una exclusión categórica, así que no tiene que hacer un estudio de impacto ambiental completo. Amtrak publicó en internet resúmenes de sus estudios; los vecinos reclaman los informes enteros.
En el condado, la presidenta Toni Preckwinkle y los 17 comisionados firmaron un texto casi idéntico, que presentó el comisionado John Daley. Preckwinkle dijo que quienes viven cerca tienen preocupaciones legítimas por el aire, el ruido y el tráfico.
Los sindicatos, a favor
Bob Reiter, presidente de la Federación del Trabajo de Chicago, que agrupa a unos 500.000 trabajadores, defendió la obra por el empleo: 3.000 puestos durante los 18 meses de construcción y 400 fijos para mecánicos, electricistas y otros oficios. Sostuvo que reparar trenes bajo techo es un uso más limpio que las operaciones de carga pesada, y que los informes ambientales ya publicados no muestran efectos significativos en aire, agua, ruido o vibraciones. También acusó a la Junta del condado de no ver el problema completo. Si nada cambia, las obras empezarían en 2027.
Fuentes: Block Club Chicago, Chicago Tribune, The Real Deal.
Foto ilustrativa: Roy Serafin / Pexels
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