Metro de Madrid volvió a parar en la estación de Sol a las 22:00 del sábado 17 de octubre, tras 33 horas y media sin servicio. La Comunidad de Madrid la había cerrado el viernes 16 a las 12:30 por lo que llamó “condiciones de insalubridad” derivadas de la acampada por la vivienda que ocupa la Puerta del Sol desde hace tres semanas. Durante el cierre, los trenes de las líneas 1, 2 y 3 pasaron de largo y la estación, por la que El País calcula más de 300.000 personas al día, no sirvió para hacer transbordo entre ellas. La parada de Cercanías, que comparte vestíbulo pero depende de Renfe, abrió todo el tiempo.
Cómo se cerró
Hacia las diez de la mañana del viernes, la presidenta Isabel Díaz Ayuso leyó en esRadio un mensaje de sus asesores: había que cerrar Sol por “trabajos de limpieza urgentes y de seguridad”. Metro concretó después en redes que se trataba de limpiar los pozos de ventilación por la acumulación de residuos en el exterior. Según El Mundo, un informe técnico del jueves detectaba gases derivados de orines y excrementos en los pozos y accesos de ventilación, y otro informe del propio suburbano hablaba de “riesgo biológico”.
La Consejería de Transportes, a cargo de Jorge Rodrigo, envió una carta al delegado del Gobierno, Francisco Martín, en la que condicionaba la reapertura a que los equipos pudieran entrar a las rejillas de la plaza, ocupadas por las tiendas, y le pedía desalojar la acampada. El cierre quedó “hasta nueva orden”.
Tres versiones distintas
Ayuso dijo que el cierre lo habían pedido prevención de riesgos y los sindicatos. El comité de empresa de Metro lo negó por escrito esa misma tarde: no les habían entregado las mediciones y se desvinculaban de la decisión. El Ministerio de Transportes, por su parte, aseguró que no había detectado insalubridad ni inseguridad, y Renfe mantuvo abierta su estación con el argumento de que no comparte conductos con Metro. La Delegación del Gobierno pidió a la Comunidad que precisara qué riesgos concretos impedían limpiar con el servicio total o parcialmente abierto, como ocurría en Cercanías.
La limpieza arrancó sobre las ocho y media de la tarde del viernes, en una zona de la plaza que la policía despejó de forma puntual, y terminó a las dos de la madrugada del sábado. A partir de ahí corrió el protocolo que marcaba un laboratorio externo: ventilación, toma de muestras y análisis. A las 21:30 del sábado Metro anunció que en media hora abriría la estación tras “constatar objetiva y documentalmente” que las condiciones de seguridad y salud se habían restablecido.
Qué queda
La acampada, organizada por el Sindicato de Inquilinas, sigue en la plaza. Pasó de 30 tiendas a más de 1.000 en una semana, según El País, y el Gobierno central no ha ordenado desalojarla; el TSJM rechazó hace diez días las medidas cautelares que pedía la Comunidad para hacerlo. Al cierre de este texto, el domingo 18, la estación opera con normalidad, pero la causa que la Comunidad alegó para cerrarla no ha cambiado: el consejero Mariano de Paco avisó ese día de que volverán a cerrarla “si vuelven a encontrar problemas de salubridad” y el Ayuntamiento denuncia que los acampados se han colocado otra vez sobre las rejillas de ventilación. CCOO, por su parte, exige saber quién ordenó el cierre y reclama los análisis, que no se han hecho públicos. La alternativa que funcionó durante el cierre fue Cercanías, en la misma plaza, o bajarse en las estaciones vecinas de las tres líneas.
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Fuentes: El País, El Mundo, RTVE, El Confidencial, Cadena SER, Comunidad de Madrid, 20minutos, Telemadrid, elDiario.es.
Foto ilustrativa: Barcex







